"ORDEN DE LOS CABALLEROS TEMPLARIOS"[Personería Jurídica IGJ 994/03] + PRESENTACION DEL PRIORATO GENERAL DE ARGENTINA“Aprended a hacer el bien, buscad el juicio, restituid al agraviado, hacer justicia al huérfano, amparad la viuda” [Isaías, 1,17]
La caballería, con formas diferentes, tiene la misma sustancia: sólo pretende, la protección de los débiles y los desamparados contra los poderosos. La caballería requiere de una actitud viril, de lucha, cuyo innegable símbolo es la espada. “Y aquel que no tenga espada venda su manto y cómprese una...” [Lucas, 22,36] Hay otras formas de lucha que no derraman sangre, precisamente intentan evitarla... aunque no siempre lo logran. Ahí está la palabra, la pluma, la denuncia pública del atropello, la solidaridad, la claridad y llegado el momento el látigo como el mismo Cristo ante los mercaderes en el Templo. Ese, el de la lucha para hacer el bien, es el espíritu de la caballería. Las formas pueden acompañar y, afirmar el compromiso. Pero sin el fundamento no son nada. Son nada más que comparsas, el eterno carnaval que año tras año se repite... El Priorato General de Argentina de la Orden Soberana y Militar del Temple de Jerusalén, atendiendo a la gravísima situación por la que atraviesa la Argentina e invocando el sostén de la Divina Providencia, quiere manifestar el designio de dar curso a su acción reparadora. Reparadora de Orden y Justicia, sin los cuales no hay Paz verdadera, lo que entraña la guerra despiadada de todos contra todos, la desintegración social, y finalmente la tiranía de los poderes anónimos y caóticos. La Justicia, de bíblico acento, que el Temple quiere restaurar, no le debe nada al espíritu de facción que se ha adueñado, desde hace demasiado tiempo, de nuestro espacio público. Pretenden, pues, los templarios argentinos sumarse a la Cruzada que, cual llama sagrada, anima a muchos corazones patrios, de este sinsabor cotidiano, de esta penuria moral que amenaza, arrastrándonos al abismo sin fondo de la disolución nacional. Pero si el Temple argentino, a través de su Priorato, se decide a dar este paso de hondo compromiso, lo hace no sólo por la urgencia de la hora, sino también en la seguridad de cumplir así su más entrañable e histórica misión. Es la tierra sagrada de los argentinos la que al presente reclama la ardua reconquista que la ampare bajo los principios de una civilización auténticamente cristiana. No queremos disimular, tampoco que el mal argentino, puede ser caracterizado por la inversión total de los valores: se premia todo lo vulgar e inferior, para desterrar toda excelencia que se anime a oponerse a tal estado de cosas. No serán las técnicas económicas ni los artilugios políticos los que pondrán fin a este estado de cosas. Sólo la recreación de la entretela moral del hombre argentino, su conversión profunda a la integridad de espíritu dará margen para iniciar un ciclo ascendente de restauración virtuosa. El Temple, fiel a su inspiración primigenia, quiere junto a todos los argentinos estar presente en esta cita del Destino, en la primera fila del esfuerzo y del coraje. |
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